Espacio destinado a la divulgación de mi obra poética. También muestra algunas de mis preferencias literarias, musicales, cinematográficas o artísticas en general.



lunes, 22 de mayo de 2017

VIVALDI Y EL GRUPO EUROPA GALANTE

 Como es sabido por la mayor parte de los que visitáis mi blog, el pasado año vine publicando una serie de artículos dedicados a repasar la totalidad de la obra instrumental de Antonio Vivaldi, en los que ofrecía una completa antología personal de su ingente obra. De modo que el concierto del pasado viernes 19 de mayo fue un muy gratificante reencuentro con esas composiciones tan queridas, que anidan en lo más hondo de mi memoria musical. Europa Galante, aquel revolucionario grupo que fundara el excelso violinista Fabio Biondi a comienzos de los 90 del pasado siglo, sigue siendo en la actualidad un grupo referencial en la interpretación fidedigna de unas obras cuyo enfoque ha vivido toda suerte de excesos, desde las hipertróficas e indigeribles versiones anteriores al movimiento historicista hasta los exorbitados dislates que en nombre de una presunta ortodoxia llegaron a elogiarse. Hace poco, el violinista Enrico Onofri, que antaño grabase las Cuatro Estaciones con la agrupación Il Giardino Armonico —esencial e imaginativa a raudales, por otra parte—, declaró en una entrevista que hoy sería inasumible presentar una grabación barroca bajo aquellos presupuestos tan radicales.
Miembros de Europa Galante

 Pero el tiempo fue asentando los preceptos, y las agitadas aguas fueron remansándose en un cauce más plausible: el sonido anguloso y seco se ha redondeado, los contrastes de tempo y dinámica ya no son tan bruscos, los acentos han perdido virulencia. En este punto es donde podemos encajar los presentes atributos del conjunto de Biondi, tal como se pudo comprobar en esta última comparecencia madrileña: equilibrio y homogeneidad ante todo, sin perder no obstante las necesarias dosis de atrevimiento y fantasía, sin las cuales el peculiar arte vivaldiano obviamente se resiente. Bajo el epígrafe “Los conciertos del adios”, el programa contenía algunas de las últimas composiciones del artista, procedentes de ese sórdido período en que, acuciado por las deudas y el incipiente descrédito de su música, debió abandonar Venecia en un desesperado viaje a la corte de Viena —del que jamás regresaría—, con la pretensión de ser recibido por el emperador en búsqueda de nuevos horizontes compositivos. Nada salió bien, el encuentro no tuvo lugar y el luto por el repentino fallecimiento del monarca propició el cierre de los teatros de ópera. No es posible imaginar lo que pudo sufrir el Prete en aquellas tristísimas circunstancias de obligado y menesteroso exilio que antecedieron a su muerte en 1741.
 En fin, adentrándonos en el meollo del concierto, señalar que nuestro grupo ofreció unas interpretaciones muy notables, con algunos puntos de valoración sobresaliente: así la del Concierto para dos violines op.3, nº8, perteneciente a su colección L´estro armonico, fue un prodigio de energía, aliento expresivo y refinado y virtuosístico tratamiento de las voces. Sumamente bella fue, asimismo, la del único en su especie y magistral Concierto para viola d´amore y laúd, RV 540, datable en marzo de 1740 y que habría sido ejecutado —junto con la también programada sinfonía “Il coro delle muse”, RV 149— con motivo de la visita a Venecia del Príncipe Elector de Sajonia. Pese a alguna desafinación prácticamente inevitable y cierto desequilibrio de volumen por la inferior presencia del laúd utilizado, logró reseñables cotas de delicadeza y concentrada emoción . En cuanto a los tres conciertos para violín solista, Biondi optó por un papel protagonista muy contenido para imbricarse en el conjunto orquestal. Me gustó especialmente la transida y melancólica intensidad alcanzada en el movimiento lento del RV 222, “dedicato alla Signora Chiara”, una de las célebres violinistas del Ospedale della Pietà. Junto a ello, tres ejemplares obras de carácter sinfónico —recordemos que en Vivaldi el término sinfonía no significa más que concierto para orquesta sin solista, que solía servir como obertura de ópera— redondearon el canónico discurso dictado por Europa Galante, y una jugosa anécdota final relatada por Biondi —en perfecto español— sobre la hipotética posibilidad de que un jovencísimo Haydn actuase en el coro de niños participante en la misa vienesa por la muerte del veneciano, precedió a la conclusiva muestra de un temprano y vivaz divertimento del grandioso compositor austríaco.  





  



© Álvaro César Lara, 2017 - Todos los derechos reservados

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