Espacio destinado a la divulgación de mi obra poética. También muestra algunas de mis preferencias literarias, musicales, cinematográficas o artísticas en general.



martes, 14 de octubre de 2014

BACH VERMUT

  El pasado 11 de octubre ha dado comienzo la ambiciosa iniciativa del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) de organizar un ciclo consagrado a la interpretación de la obra completa para órgano de J.S. Bach, en sesiones de mañana de sábado dispuestas en torno a la sugerente idea de unir la experiencia intrínseca del concierto con la tradicional degustación de un aperitivo —amenizado por conjuntos de jazz que interpretan en directo arreglos de obras bachianas— en el propio recinto del Auditorio Nacional de Música de Madrid.
   El denominado proyecto “Bach Vermut” pretende, pues, durante esta temporada y la siguiente, acercar al público de un modo grato y asequible (los precios de las entradas son de 5 €, o incluso de 3 € para los menores de veintiséis años) tan monumental corpus, de manos de organistas de contrastado curriculum que irán haciendo sonar el formidable órgano del auditorio en su vigésimo quinto aniversario de vida (1).
  Vaya por delante nuestra enhorabuena a los promotores de la apuesta —secundada por comerciantes del gremio de la alimentación—, que en su primera convocatoria cosechó un rotundo y merecido éxito.


 Pasando a lo estrictamente musical, estimamos que el arranque de esta aventura no ha podido resultar más satisfactorio. Al frente del colosal instrumento estuvo el francés Michel Bouvard (Lyon, 1958), organista de fraguado prestigio al que pudimos no sólo oír, sino también contemplar su arte a través de una pantalla colocada a un lado del escenario: acertadísima y enriquecedora vía de aproximación entre intérprete y público, habitualmente alejado de aquel cuando de órganos se trata, cosa que le suele privar, por desgracia, de la extraordinaria plasticidad que entraña el manejo de un instrumento de tal envergadura. Y no sólo de ello, pues la posibilidad de acercarse a manos y pies del organista entendemos que promueve una mayor implicación del oyente con respecto al fenómeno musical, amén de concienciarle de la notable dificultad que acecha al instrumentista. Sobre esto hay que destacar, asimismo, la notable exactitud con que se llevó a cabo la retransmisión, alternando con ilustrativa propiedad los planos de intérprete, teclados y pedalero —por cierto, para más de uno fue una auténtica sorpresa descubrir que un órgano tiene un teclado que se toca con los pies.
  En cuanto al programa, compartimos la percepción de que un desafío así debe inaugurarse con la que seguramente sea la más célebre página organística de la Historia, la Tocata y fuga en re menor. Así se ha hecho en diversas recopilaciones discográficas, y desde aquí elevamos la propuesta de que se vuelva a interpretar en el transcurso del ciclo. A la misma categoría de obras pertenece la espléndida Tocata, adagio y fuga, BWV 564, maravilloso broche para este concierto, con ese cantabile adagio que confirma las posibilidades melódicas de un Bach emancipado del universo de la fuga. En ambos casos, Bouvard ofreció versiones impecables, de esmerada claridad contrapuntística y frugal ornamentación: un Bach sobrio y elegante, de fino trazo y seductor aliento expresivo. Tales obras maestras se acompañaron de dos de los llamados Corales de Leipzig, los BWV 656 y 661 —magnífica, por cierto, la versión de éste último, con la melodía del coral delicadamente mantenida—, seis piezas del Orgelbüchlein (pequeño libro de órgano, traduciríamos), exquisitamente expuestas y, en el centro, a modo de bisagra, el Ricercar a 6, perteneciente a la Ofrenda Musical, partitura más analítica y recia, del último período del compositor, que nos llegó convenientemente desgranada, libre de indeseables emborronamientos.

 En resumen: bienvenido sea este ciclo, programado con entusiasmo, rigor y atractivo enfoque. Excelente propuesta para una mañana de sábado: disfrutar durante una hora de esta inmarcesible música y a continuación tomarse un placentero aperitivo sazonado de buen jazz —con la mejor compañía si es posible, of course.  



   Enlaces: 




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      (1) La construcción del gran órgano de la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música de Madrid fue encomendada por el INAEM en 1987 al prestigioso maestro organero alemán Gerhard Grenzing, que estuvo presente en el concierto.


© Álvaro César Lara, 2014 - Todos los derechos reservados


1 comentario:

  1. Afortunadamente esta iniciativa continúa y nos permite disfrutar de encantadores momentos en invernales mañanas de sábado, disfrutando un variado entretenimiento y aperitivo. El placer de la música de órgano es a veces eclipsado, y siempre complementado, por la música de jazz que en ocasiones resulta fantástica. A todo ello se añade el deleite de observar el disfrute del jazz por el público de más edad, acompañado de leves bamboleos de cuerpos más que adultos y movimientos de pies que a veces suben al tobillo o toda la pierna.
    Recomendable.

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