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| Maurice Ravel |
Aclarado
lo cual, ahora introduzco una segunda pregunta: ¿es Daniil Trifonov (Nizhni
Nóvgorod, Rusia, 1991) el mayor fenómeno pianístico acaeciado en los últimos
veinte o treinta años? pues creo que no es para nada arriesgado afirmar que es
muy posible. Su acercamiento al concierto de Ravel el pasado martes 16 de mayo
fue de quitar el hipo. Una técnica y poderío arrolladores —¡qué manera tan apabullante
de desplazarse por el teclado, minimizando el más intrincado escollo!—, una
intensidad y colorido refulgentes y un aliento expresivo en su punto justo, pusieron
todo de su parte para ofrecer una respuesta afirmativa a la cuestión.
Acompañado por la excelente Staatskapelle de Dresde, bajo la batuta de su
titular Christian Thielemann —severo, adusto y germánico donde los haya, pero
sabiendo extraer mucha enjundia de la orquesta, con esa técnica apoyada en su
particular movimiento de la mano izquierda: más movimiento de dedos y mano que
de brazo, acaso al estilo de antiguos maestros (¿Klemperer?)— obtuvo un inconmensurable
éxito entre las deplorables toses, ruidos, caídas de programa, intempestivas desenvolturas
de caramelo y algún pitido sospechoso de móvil, que ponen en entredicho la competente
adecuación de un público sin cuyo nivel adquisitivo, por otra parte, no se
podría disponer en Madrid de un ciclo de primer nivel internacional como es el
de Ibermúsica.
© Álvaro César Lara, 2017 - Todos los
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