Espacio destinado a la divulgación de mi obra poética. También muestra algunas de mis preferencias literarias, musicales, cinematográficas o artísticas en general.
Presentamos un poema de la primera época de
Mario Luzi (1914-2005), encuadrada en la corriente del “hermetismo”. Se trata
de un movimiento poético italiano próximo a los preceptos de la denominada
“poesía pura”, impulsor de un estilo caracterizado por su fuerte carga
evocadora y una utilización deliberadamente oscura de la analogía. Asimismo,
son rasgos definitorios su elaborado trabajo de la forma y el cultivo de
imágenes de gran expresividad y belleza, a menudo de neta filiación onírica.
Nos encontramos, pues, con un material esquivo,
simbólico, difícil en su lengua originaria y, por supuesto, de ciertamente compleja
traducción: en nuestro caso hemos optado por suavizar algo su marcado carácter
antirretórico —cuya sintaxis lleva con frecuencia a prescindir de artículos— en
aras de una mayor calidez expresiva. Se mantiene, sin embargo —y en lo posible—
la dimensión y cadencia del verso, persiguiendo una deseable equivalencia de
estilo.
Tal vez menos conocido fuera de Italia que
los “nóbeles” Montale y Quasimodo, o que Ungaretti, Gato, Pavese o Campana, la
poesía de Luzi atesora una enorme calidad y riqueza. Por ello, agradezco
sobremanera a mi amigo Alberto Giachetti el habérmela dado a conocer,
elaborando a mi solicitud un primer borrador de traducción del poema que sigue,
cuyo resultado definitivo es fruto de una tarea, a la par, tan dificultosa como
reconfortante.
En esta entrega cambio un poco de
tercio para hacer una incursión en el malditismo autodestructivo de Amy
Winehouse. Tras no haber encontrado una traducción satisfactoria del texto de
la célebre You know I´m not good, del
álbum Back to black, propongo aquí la
mía. Conviene recordar, además, que las letras de esta artista contienen
numerosas referencias autobiográficas que pueden complicar la labor del
traductor. En todo caso, haya o no acertado en la labor, será éste un buen
momento para reencontrarnos con la turbadora voz de la británica, de tan
lamentable destino.
Presento hoy una traducción propia del poema “La noche transfigurada”,
del poeta alemán Richard Dehmel (1863-1920), en el que se basó un joven Arnold
Schönberg para la composición de su homónimo opus 4.
A modo de los poemas sinfónicos prodigados por
Richard Strauss, la obra, un sexteto de cuerdas dividido en cinco secciones,
transcribe los sucesos y estados de ánimo descritos en el poema, aunque la
música es de tal intensidad, dramatismo y belleza que emociona por sí misma. A
estos efectos, la llevanza de la tonalidad hasta su límite permite caracterizar
una densa atmósfera de elevada e
inquietante concentración lírica, de modo afín a los procedimientos wagnerianos.
El paso hacia la ruptura del sistema tonal estaba, pues, ya sin remedio
prefigurado.
Concluída en 1899 y estrenada en 1902, la partitura
fue objeto de una posterior transcripción para orquesta de cuerdas realizada
por el mismo Schönberg, y es ésta la forma más frecuente de interpretarse en
las salas de conciertos.
Como todos
sabemos, no son pocas las dificultades de traducir del alemán, máxime en
poesía. Puedo asegurar que he puesto todo mi empeño en no perturbar demasiado
el aliento y ritmo poéticos, por lo que me he alejado de la literalidad cuando
lo he creído necesario. Traducciones literales hay muchas; poéticamente
válidas, bastantes menos. Espero estar a la altura.
Nota: Pongo
enlace en YouTube a la versión orquestal de Barenboim con la Chicago Symphony, si bien
recomendaría la de Pierre Boulez con la New
York Philharmonic (años 70), a mi juicio extraordinaria.
NOCHE
TRANSFIGURADA
Dos tipos cruzan una fría y
desnuda arboleda.
Ambos observan cómo la luna que
los alumbra
planea sobre los altos robles: ni una
sola nube
enturbia ese cielo, en cuya luz se
funden las negras
[copas.
Se oye a una mujer decir:
—Llevo
en mi seno un hijo y no es tuyo:
contigo estoy yendo en pecado.
He atentado gravemente contra mí
misma,
pues aun creyendo que jamás podría
ser feliz,
sentí un enorme deseo de conocer la
plenitud
y la alegría de ser madre, y por
eso me atreví
a entregar mi tembloroso cuerpo en
los brazos
de un extraño, del cual quedé
preñada.
Y ahora la vida se ha tomado
venganza
haciendo que tú te encuentres
conmigo.
En su incierto caminar, ella
levanta la vista,
contempla la luna y sus oscuros
ojos se llenan
de luz.
Acto seguido, se oye a un hombre
decir:
—Entonces,
que este hijo que has concebido
no suponga una carga para tu alma:
¿acaso no ves cómo el universo
resplandece?
Bajo este esplendor navegamos sin
rumbo
sobre un gélido mar, mas una
especial tibieza
fluye de ti a mí y de mí a ti, y esto
transfigurará
a este hijo de otro: tú lo
llevarás como si fuera mío,
porque tú me has traído la luz y a
mí mismo
me has convertido en niño.
Él la abraza de sus fuertes
caderas;
sus alientos se mezclan con la
brisa.
Una pareja atraviesa la prominente
y fúlgida noche.